Medio Ambiente

Aumenta la intensidad de los terremotos en El Hierro

Terremotos en El Hierro 2011: ¿Qué sucede bajo la isla?

Desde el 19 de julio de 2011 se viene produciendo una actividad sísmica anómala bajo la isla de El Hierro, habiéndose superado la cifra de 7.000 terremotos durante el mes de septiembre, a lo que se añade una cierta deformación del suelo registrada por los instrumentos. Pero, ¿que significan estos sismos y la deformación de la isla? ¿Suponen un riesgo para la población? ¿Son predecesores de algo mayor como una erupción volcánica?

¿Qué pasa en El Hierro para que se produzcan tantos sismos?
Lo primero que hay que saber es que este tipo de situaciones son normales en áreas volcánicas activas como El Hierro. La cifra de terremotos localizados por el Instituto Geográfico Nacional es muy alta, pero la magnitud es baja. Hasta el 19 de septiembre los mayores seísmos de este enjambre sísmico han tenido una magnitud de 2'7 grados y entre los miles que han ocurrido el IGN solo tiene constancia de 4 terremotos sentidos ligeramente por la población.

Modelo hipótesis de lo que pasa bajo la isla de El Hierro en 2011Así, hasta ahora la situación no ha supuesto un gran riesgo para la población herreña, pero ¿y en el futuro? Para conocer la posible evolución de esta situación hay que entender porque se puede estar produciendo.

En el Dossier Especial de El Hierro de Volcanes de Canarias se realiza una hipótesis a partir de los datos que se conocen de lo que puede estar ocurriendo bajo la isla. El magma se estaría acumulando a una profundidad aproximada de unos 12 a 14 kilómetros y su empuje hacia arriba estaría fracturando las rocas, originando de esta forma los terremotos.

Cabe destacar que la fracturación provocada por este magma estaría provocando que las rocas se rompan en dos regiones, la primera situada entre los 9 y 13 kilómetros de profundidad y en la que se concentran gran parte de los movimientos sísmicos.

Además, la fuerza que estaría ejerciendo el magma es tal que una zona más superficial también estaría fracturándose. En esta segunda zona los seísmos serían más débiles, al estar más alejada de las fuerzas de empuje.


Qué puede ocurrir en El Hierro
De esta forma, la posible evolución del sistema podría acabar en una erupción volcánica, ya sea en la propia isla o bajo el mar. Sin embargo, a pesar de que esta es una posibilidad real, lo más probable es que la actividad actual acabe cesando. Según los expertos, este tipo de situaciones en áreas volcánicas como la que tiene lugar en El Hierro tiene un 10% de probabilidad de terminar con una erupción volcánica. El 90% restante de las veces la actividad acaba sin que se produzca una erupción, tal y como ocurrió en la crisis sísmica de Tenerife en 2004.

El riesgo para la población de El Hierro con esta situación no es alto por el momento, no obstante el semáforo volcánico permanece en verde prealerta, pero como zona volcánica, las personas que viven allí deben conocer su entorno, los riesgos que puede haber en el futuro y saber actuar en cada situación. Así, la monitorización de El Hierro continuará, mientras, para ayudar e informar a la población herreña, ya se ha puesto en marcha el plan de información del Cabildo de El Hierro.
     
                                                                                                              19-sep-2011 Daniel Martín



 El mar de Aral



El mar de Aral se alimenta de los ríos Amu Daria y Syr Daria. Durante milenios, el curso del Amu se ha apartado del mar en numerosas ocasiones, recortando su extensión. Cuando el Amu reconquistaba su antiguo curso, el lago se recuperaba. En la actualidad, el riego intenso de cultivos como el algodón y el arroz extrae gran parte del agua de los dos ríos, con la mengua considerable del caudal que llega a sus deltas y, por tanto, al lago. La evaporación sobrepasa con mucho la aportación de la lluvia, la fusión de la nieve o el manto freático, lo que disminuye el volumen de agua e incrementa la salinidad.











Ver documental: http://www.rtve.es/alacarta/videos/otros-documentales/aral-mar-perdido/1052282/

MUEVE EL ESQUELETO, LEVANTA EL ÁNIMO


Los griegos y romanos habían intuido mucho antes que nosotros que la mente sana es el subproducto de un cuerpo sano, pero no habían podido demostrarlo. Hoy, afortunadamente, contamos con numerosas pruebas experimentales que nos han convencido de que el cuidado de la salud física produce una mejor salud mental. Las horas pasadas en el gimnasio no sólo desarrollan los músculos, sino la memoria; un cuidado diario de la dieta –el otro soporte de la salud– mejora el ánimo y la capacidad cognitiva.
Recuerdo muy bien mis primeros balbuceos en la universidad, en donde los interesados en las distintas asignaturas –como se las llamaba entonces– dábamos por hecho que las personas apuestas y fornidas tenían una inteligencia inferior al promedio; los frágiles, mal hechos y sin huellas en sus músculos de la salud física eran, en cambio, más inteligentes. Experimentos muy específicos efectuados recientemente tienden a demostrar lo contrario. En promedio, los feos y decrépitos son más tontos y los apuestos, más estudiosos.
En todos los casos estamos descubriendo, atónitos, que los ejercicios físicos y el cuidado de la dieta –los soportes básicos de la salud física– tienen una repercusión en la salud mental. Lo que están sugiriendo las pruebas efectuadas en distintos laboratorios es que la memoria y la capacidad cognitiva mejoran con los soportes de la salud física. Lo que todavía no sabemos es qué tipo de deporte es el más adecuado para mejorar el ánimo, la memoria o el grado de entendimiento. Tampoco estamos seguros de cuánto tiempo se debe dedicar a estos cuidados. Con toda probabilidad es mejor pasarse que quedarse corto.
¿Cómo funciona este mecanismo extraordinario? El ejercicio físico envía, a través de la corriente sanguínea, productos químicos como la proteína IGF1 al cerebro. La proteína en cuestión se convierte allí en una especie de gendarme que empieza a dictar instrucciones para que el organismo aumente la producción de FNDC (factores neurotróficos derivados del cerebro), que alimenta los procesos responsables de un pensamiento más sofisticado. Se ha comprobado en ratones e intuimos que ocurre algo parecido en los humanos.
Desde entonces he aconsejado a mis nietas que no me mencionen si están deprimidas sin saber primero lo que les pasa con la proteína IGF1 y el FNDC porque su problema puede ser de muy fácil solución. Ahora ya sabemos que, si bloqueamos el crecimiento del FNDC, interrumpimos el aprendizaje y perjudicamos la memoria.
Lo más asombroso de este nuevo escenario es constatar el impacto positivo de la salud física, o más bien de la cimentación de los pilares sobre los que se asienta la salud física, en enfermedades como el alzheimer, la dislexia o la depresión. En los roedores se ha visto que a partir de un momento dado su cerebro empieza a acumular una proteína llamada beta-amiloide; en las personas aquejadas de alzheimer, esta proteína aflora formando espesas placas, que son la señal inconfundible de la enfermedad.
Somos conscientes ahora de la correlación existente entre el ejercicio físico y las correspondientes ventajas neuroprotectoras, aunque no sabemos todavía el mecanismo exacto para poder inhibir los efectos traumáticos o activar los curativos.
A esto unimos el impacto del cuidado de la dieta –la necesidad imperiosa de ácidos grasos del tipo omega 3 para el buen funcionamiento cerebral–. La falta de esos ácidos grasos, por ejemplo, se asocia a enfermedades tales como dislexia, depresión, desorden bipolar, demencia y esquizofrenia. Es cierto que después de muchos esfuerzos mucha gente se ha convencido de que los ejercicios físicos y el cuidado de la dieta eran trascendentales para preservar su salud física. ¿Nos costará otro tanto convencerlos ahora de que está en juego también su salud mental?

E. PUNSET

DUOMO FIRENZE

DUOMO FIRENZE