Cuestiones para reflexionar

Los beneficios del grupo.



En el Reino Unido existe un sistema de distribución de leche que todos hemos visto en cine o televisión en alguna ocasión. A primera hora de la mañana, un repartidor deposita un número pactado de botellas de leche en la puerta de los hogares. A principios del siglo XX estas botellas no tenían tapa. Los pájaros tenían fácil acceso a la nata, que por su densidad, quedaba depositada en la parte superior. Dos especies diferentes de pájaros, herrerillos y petirrojos, aprendieron a extraerla con su fino pico.

Esta nueva fuente de alimento era más rica que su dieta tradicional y se produjeron adaptaciones fisiológicas del aparato digestivo para poder asimilar los nuevos nutrientes. En el periodo de entreguerras, los distribuidores, cansados del saqueo, comenzaron a poner unos sellos de aluminio que impidiera a los pájaros su extracción. Pero un día, un pequeño herrerillo aprendió a perforarlo propinando pequeños golpes secos a la tapa metálica.

A mitad de siglo, esta técnica se había difundido a la totalidad de la especie. Aunque algunos petirrojos habían conseguido hacerlo también por separado, nunca se extendió de manera masiva entre ellos. Los petirrojos fallaron y retrocedieron en número al no ser capaces de adaptarse a las nuevas circunstancias. El éxito de los herrerillos fue tal que se convirtieron en los pájaros de jardín más abundantes de la isla. En un principio, estas diferencias fueron atribuidas a la comunicación, pero descubrimientos recientes ponen de manifiesto que herrerillos y petirrojos poseen características similares, lo que invalida la hipótesis. La explicación quizás esté en la vida social. Los herrerillos viven en grupos de entre diez y doce individuos, se mueven juntos en bandadas y son especialmente tolerantes los unos con los otros. Por el contrario, los petirrojos son muy territoriales y rara vez aceptan la presencia de terceros. Los animales que viven en grupo parecen aprender más rápido y sus innovaciones tienen un mayor impacto en la población, pues la información es compartida rápidamente.


MUEVE EL ESQUELETO, LEVANTA EL ÁNIMOLos griegos y romanos habían intuido mucho antes que nosotros que la mente sana es el subproducto de un cuerpo sano, pero no habían podido demostrarlo. Hoy, afortunadamente, contamos con numerosas pruebas experimentales que nos han convencido de que el cuidado de la salud física produce una mejor salud mental. Las horas pasadas en el gimnasio no sólo desarrollan los músculos, sino la memoria; un cuidado diario de la dieta –el otro soporte de la salud– mejora el ánimo y la capacidad cognitiva.

Recuerdo muy bien mis primeros balbuceos en la universidad, en donde los interesados en las distintas asignaturas –como se las llamaba entonces– dábamos por hecho que las personas apuestas y fornidas tenían una inteligencia inferior al promedio; los frágiles, mal hechos y sin huellas en sus músculos de la salud física eran, en cambio, más inteligentes. Experimentos muy específicos efectuados recientemente tienden a demostrar lo contrario. En promedio, los feos y decrépitos son más tontos y los apuestos, más estudiosos.

En todos los casos estamos descubriendo, atónitos, que los ejercicios físicos y el cuidado de la dieta –los soportes básicos de la salud física– tienen una repercusión en la salud mental. Lo que están sugiriendo las pruebas efectuadas en distintos laboratorios es que la memoria y la capacidad cognitiva mejoran con los soportes de la salud física. Lo que todavía no sabemos es qué tipo de deporte es el más adecuado para mejorar el ánimo, la memoria o el grado de entendimiento. Tampoco estamos seguros de cuánto tiempo se debe dedicar a estos cuidados. Con toda probabilidad es mejor pasarse que quedarse corto.

¿Cómo funciona este mecanismo extraordinario? El ejercicio físico envía, a través de la corriente sanguínea, productos químicos como la proteína IGF1 al cerebro. La proteína en cuestión se convierte allí en una especie de gendarme que empieza a dictar instrucciones para que el organismo aumente la producción de FNDC (factores neurotróficos derivados del cerebro), que alimenta los procesos responsables de un pensamiento más sofisticado. Se ha comprobado en ratones e intuimos que ocurre algo parecido en los humanos.

Desde entonces he aconsejado a mis nietas que no me mencionen si están deprimidas sin saber primero lo que les pasa con la proteína IGF1 y el FNDC porque su problema puede ser de muy fácil solución. Ahora ya sabemos que, si bloqueamos el crecimiento del FNDC, interrumpimos el aprendizaje y perjudicamos la memoria.

Lo más asombroso de este nuevo escenario es constatar el impacto positivo de la salud física, o más bien de la cimentación de los pilares sobre los que se asienta la salud física, en enfermedades como el alzheimer, la dislexia o la depresión. En los roedores se ha visto que a partir de un momento dado su cerebro empieza a acumular una proteína llamada beta-amiloide; en las personas aquejadas de alzheimer, esta proteína aflora formando espesas placas, que son la señal inconfundible de la enfermedad.

Somos conscientes ahora de la correlación existente entre el ejercicio físico y las correspondientes ventajas neuroprotectoras, aunque no sabemos todavía el mecanismo exacto para poder inhibir los efectos traumáticos o activar los curativos.

A esto unimos el impacto del cuidado de la dieta –la necesidad imperiosa de ácidos grasos del tipo omega 3 para el buen funcionamiento cerebral–. La falta de esos ácidos grasos, por ejemplo, se asocia a enfermedades tales como dislexia, depresión, desorden bipolar, demencia y esquizofrenia. Es cierto que después de muchos esfuerzos mucha gente se ha convencido de que los ejercicios físicos y el cuidado de la dieta eran trascendentales para preservar su salud física. ¿Nos costará otro tanto convencerlos ahora de que está en juego también su salud mental?

E. PUNSET

Alerta alimentaria global

Entre el 30 y el 40% de la comida que se produce acaba en la basura. Una de cada siete personas está severamente mal nutrida. Un tercio de la alimentación mundial de cereales se destina a alimentar el ganado. El aumento del precio del petróleo en 2008 condenó a 100 millones de personas a la hambruna debido a los costes de transporte y producción de comida. En muchos casos, el aumento de la producción alimenticia supone daños para ecosistemas vírgenes y reduce su biodiversidad. En la bolsa de mercados se especula tanto con la comida como con las divisas o con las acciones. Para el año 2050, la producción de alimentos debería aumentar entre un 70 y un 100% para cubrir las demandas.

Dar de comer a todo un planeta no es algo sencillo. ¿Qué puede hacer la ciencia para alimentar a los 9.000 millones de humanos que poblarán la Tierra en 2050?
Autor: Eduard Punset 


Tacones ufanos

Siempre pensé que los tacones altos en las mujeres se asemejaban a la ceremonia de elevar a los altares a las que decidían usarlos. Me seducía el rechazo de la aceptación servil de la realidad fisiológica cuando imponía una determinada estatura. Y, sobre todo, llevar tacones altos equivalía a una operación estética –ésta sí de gran envergadura–, como alterar la estatura de una persona sin tocar para nada su anatomía. Ya sé; el uso prolongado de los tacones provoca cierto desgaste muscular, pero, al igual que ocurre con los semáforos o los interruptores, hay unas veces que están activados y otras, parados o de color distinto. No pasa nada.


En los últimos años, no obstante, los tacones altos me han abierto nuevos y fascinantes interrogantes. Siempre me quedo atónito –estoy seguro de que a muchos de mis lectores les habrá ocurrido lo mismo– cuando, rodeado en la calle por multitud de hombres que deambulan cabizbajos, con ciertos rasgos heredados del antecesor común que compartimos con los chimpancés, se nos cruza de pronto una mujer con tacones altos y mucha marcha. Su caminar es tan rápido que nos deja rápidamente atrás a todos los descendientes del antecesor común del chimpancé y nosotros.


En este caso, la intuición me engañó, a pesar de haberla defendido sin cesar como fuente del conocimiento tan válida como la razón; el hecho es que, pensé para mí, el organismo de la mujer disponía de más energía que el de los hombres. No he podido corroborarlo, aunque cualquier aclaración de mis lectores al respecto será bienvenida para el bien de todos, mujeres y hombres.

¿Debo tomar seriamente la sugerencia de una de las neurólogas de Stanford, Estados Unidos, más reconocidas en materia de análisis diferencial entre organismos femeninos y masculinos, incluido el cerebro? 
Louann Brizendine no lo dudó ni un instante; tras escuchar con una sonrisa mi explicación sobre el comportamiento no idéntico de los dos sexos, sentenció muy seriamente: “Con los tacones tan altos tiendes a caerte hacia delante y, para impedirlo, aceleras la marcha. Vamos más deprisa para no caernos”.



Si, en lugar de buscar respuestas a preguntas que no las tienen, miramos lo que está ocurriendo en el mundo, descubrimos muchos procesos que indican una situación muy parecida. Amigas y amigos antropólogos especializados en estudiar el comportamiento de mujeres y hombres en las nuevas y populosas ciudades del mundo –São Paulo o Los Ángeles, por ejemplo– coinciden en apuntar que las mujeres jóvenes ganan a los hombres jóvenes, no sólo en las clases de la enseñanza media y la universidad, sino también en nuevas disciplinas, como el trabajo en equipo cooperativo; en profesiones relacionadas con la física –de las que estaban ausentes en mayor porcentaje las mujeres–; e incluso en el trabajo, ganando más concursos o en el matrimonio porque rechazan más ofertas.


En junio se celebró el vigésimo quinto aniversario de la entrada de España y Portugal en la Unión Europea. Los Reyes invitaron a todos los que de una manera u otra habíamos participado en la apertura al exterior de este país, enclaustrado hasta entonces. De unos doscientos cincuenta invitados, no había más de diez mujeres y la mayoría eran miembros del Gobierno actual. Fue un rito afable y agradecido que los de ahora recordaran a los que aspirábamos entonces a una España abierta al mundo, pero la celebración en Palacio me trajo a la memoria mi conversación con la neuróloga Brizendine sobre los tacones altos de las mujeres y la diferenciación energética entre los dos sexos. Aquella fotografía del pasado era el reverso de lo que está ocurriendo ahora.



Estudiar y trabajar estimula las conexiones neuronales.

Dejadme dar las gracias a los centenares de fans ilustres y especialistas que respondieron a mi ruego de reflexionar conjuntamente sobre los calificados de ni-ni. Ni estudian ni trabajan. La respuesta ha sido tan llena de esplendor y sabiduría que estoy dándole vueltas a cómo podemos transformar esta avalancha en un activo que sirva a los demás. Yo quisiera ahora anticiparos, únicamente, algo que me han sugerido vuestras contribuciones.

Los ni-ni podrían estar olvidando algo que la neurología acaba de comprobar. Cuando un cerebro ni estudia ni trabaja no sólo disminuye el hipocampo, sino que se producen menos neuronas, las conexiones neuronales son más reducidas e inciertas. Cuando no se hace nada, el cuerpo se agarrota. Sin actividad, no hay innovación ni conexiones sociales ni movimiento. Lo hemos comprobado mediante estudios de la mente. Pero hay más: estudios fisiológicos sobre la visión han demostrado lo mismo.

Ante la ausencia de movimiento, las ojos de las ranas no mandan estímulos a su cerebro. En la imagen, una mosca reposa y pasa desapercibida ante los ojos de un batracio.

Lo que llamamos las microsacadas -movimientos o sacadasimperceptibles de nuestros ojos-, definen la frontera entre la visión y la ceguera. Sin acción por nuestra parte, aunque sea inconsciente, los objetos estacionarios se difuminan y desaparecen del campo de visión. Hace falta hacer algo para que no se esfumen en los humanos. Una mosca inmóvil en la pared pasa desapercibida por una rana; aunque pestañee. Nosotros tenemos la suerte de profundizar en la visión y comprensión de las cosas si actuamos. Por favor, no estemos sin hacer nada porque producimos menos neuronas y nos empequeñecemos.

A la luz del éxito de la anterior consulta sobre los ni-ni en el blog y en el grupo de Facebook, querría ahora someter a vuestro criterio y quórum -esto último lo hacen siempre las bacterias antes de tomar la decisión de invadir una superficie nueva del cuerpo humano-, si no deberíamos celebrar haber casi alcanzado los cien mil fans en Facebook. Yo creo que miles de jóvenes reunidos en un mismo sitio anegados por lemas como:

ninguna de tus neuronas sabe quien eres ni le importa,


hay vida antes de la muerte,

estamos programados para ser únicos,

la felicidad está en la sala de espera de la felicidad,

la belleza es la ausencia de dolor,

un físico es la manera que tienen las neuronas de hablarse,

o existo luego pienso,
despediría un esplendor único. Camisas especiales, opúsculos, diálogos ¿qué más? La fecha podría ser el 1 de Julio…



Un gran abrazo a todas y todos.

Autor: Eduard Punset 


EL ORIGEN DE LA VIDA


        Hasta el momento actual la ciencia no ha sido capaz de dar una explicación sobre lo que es la vida, aparte de estudiar sus características y sus manifestaciones. Además de explicar lo que es la vida, ha habido otro problema que ha preocupado al hombre desde siempre, y es el origen de la vida, ¿de dónde viene?, ¿cómo se ha formado?. Para explicar esto han existido dos grandes corrientes de pensamiento, la generación espontánea, idea que perduró hasta finales del siglo XIX, cuando L. Pasteur la rebatió, y, modernamente, la teoría del origen químico de la vida y la teoría del origen extraterrestre.


La generación espontánea


Los primeros que se ocuparon de este tema fueron los pensadores de la antigua Grecia, entre los que destaca Aristóteles, que sostenía la idea de la GENERACIÓN ESPONTÁNEA, según la cual los seres vivos provenían directamente del barro, del estiércol y de otras materias inertes sin sufrir ningún tipo de proceso previo, simplemente aparecían. Aunque esta idea pueda parecer muy infantil se mantuvo durante muchos siglos hasta el final de la Edad Media, época en la que se alternaba la creencia en la generación espontánea con la idea del origen divino de la vida, llegándose incluso a tachar de herejes a aquellos que intentaban estudiar la cuestión. Así podemos destacar los trabajos de algunos pensadores que apoyaban la generación espontánea, como Van Helmont (1577-1644), que realizó muchos experimentos sobre aspectos tales como el origen de los seres vivos, la alimentación de las plantas, etc. 
Fue a finales del s. XVII cuando comenzó a cuestionarse la idea de la generación espontánea, especialmente a partir de los trabajos de Francesco Redi (1626-1698), que ideó un experimento sencillo y concluyente que consistió en meter trozos de carne en frascos cerrados, y otros en frascos abiertos, viendo que la carne de los frascos cerrados no desarrollaba gusanos.


      Con este experimento Redi demostró que los gusanos no aparecían por generación espontánea, y que su presencia estaba relacionada con la posibilidad que tenían las moscas de llegar a la carne y los pescados.


      La fabricación del primer microscopio por Anton van Leeuwenhoek (1632-1723) permitió descubrir los "animáculos" o seres microscópicos, que fueron al final los que ayudaron a rechazar la idea de la generación espontánea, gracias a los experimentos de Louis Pasteur (1822-1895), quien, entre otras cosas, demostró, por un lado, que los microorganismos se encontraban por todas partes y provocaban la descomposición de los alimentos y muchas enfermedades humanas, y por otro lado demostró que la generación espontánea no existía; para ello realizó el siguiente experimento:


     Pasteur preparó una serie de matraces para que ningún tipo de ser vivo pudiera entrar en su interior "...Yo pongo en un frasco de vidrio uno de los siguientes líquidos, todos ellos muy alterables en contacto con el aire ordinario: agua de levadura de cerveza a la que se ha añadido azúcar, orina, jugo de remolacha, agua de pimiento. A continuación doblo el cuello del frasco, de forma que quede curvado en varias partes. Luego pongo a hervir el líquido durante varios minutos hasta que empieza a salir vapor por el extremo abierto; luego dejo enfriar el líquido. He de señalar que aún a pesar de sorprender a todos los que se ocupan de los delicados experimentos relacionados con la llamada generación espontánea, el líquido del frasco permanece inalterado definitivamente..."


     A modo de curiosidad se conservan en el Instituto Pasteur de Paris algunos de los frascos que utilizó en su experimento, que todavía permanecen inalterados más de 100 años después.

EL ORIGEN QUÍMICO DE LA VIDA

      Hoy en día la teoría aceptada para explicar el origen de la vida es la que se basa en la hipótesis química expuesta por el ruso A. Oparin y el inglés Haldane en 1923.

     Según Oparin, la superficie terrestre estaba ocupada por un mar caliente, rico en materias químicas y sometido a una gran carga energética Cuando la Tierra se formó hace unos 4.500 millones de años, era una inmensa bola incandescente en la que los distintos elementos se colocaron según su densidad, de forma que los más densos se hundieron hacia el interior de la Tierra y formaron el núcleo, y los más ligeros salieron hacia el exterior formando una capa gaseosa alrededor de la parte sólida, la protoatmósfera, en la que había gases como el metano, el amoníaco y el vapor de agua.

      Estos gases estaban sometidos a intensas radiaciones ultravioletas (UV) provenientes del Sol y a fuertes descargas eléctricas que se daban en la propia atmósfera, como si fueran gigantescos relámpagos; por efecto de estas energías esos gases sencillos empezaron a reaccionar entre sí dando lugar a moléculas cada vez más complejas; al mismo tiempo la Tierra empezó a enfriarse, y comenzó a llover de forma torrencial y estas lluvias arrastraron las moléculas de la atmósfera hacia los primitivos mares que se iban formando.


     Esos mares primitivos estaban muy calientes y este calor hizo que las moléculas siguieran reaccionando entre sí, apareciendo nuevas moléculas cada vez más complejas; Oparin llamó a estos mares cargados de moléculas el CALDO NUTRITIVO o SOPA PRIMORDIAL. Algunas de esas moléculas se unieron constituyendo unas asociaciones con forma de pequeñas esferas llamadas COACERVADOS, que todavía no eran células.


    Este proceso continuó hasta que apareció una molécula que fue capaz de dejar copias de sí misma, es decir, algo parecido a reproducirse; esta molécula sería algo similar a un ÁCIDO NUCLEICO. Los coacervados que tenían el ácido nucleico empezaron a mantenerse en el medio aislándose para no reaccionar con otras moléculas, y finalmente empezarían a intercambiar materia y energía con el medio, dando lugar a primitivas células.


     Estas primeras células se extenderían por los mares, dando comienzo un proceso que aún sigue funcionando hoy en día, el proceso de EVOLUCIÓN BIOLÓGICA, responsable de que a partir de seres vivos más sencillos vayan surgiendo seres vivos cada vez más complejos, y que es la causa de la gran diversidad de seres vivos que han poblado y pueblan actualmente la Tierra, lo que hoy llamamos la BIODIVERSIDAD.


      Hoy en día existe una variante de la teoría Química del origen de la vida que es la teoría del Origen Extraterrestre de la vida, que asume los principios de la teoría de Oparin con la diferencia de proponer que la molécula replicante, ese ácido nucleico primitivo capaz de autocopiarse, no surgió en los mares primordiales terrestres, sino que se originó en alguna nebulosa próxima a la Tierra o en la propia nebulosa que originó el Sistema Solar, y llegó a la Tierra en algún meteorito, integrándose en el proceso de evolución química que ya se daba en la Tierra. Esta teoría sustentada por científicos de la talla de Carl Sagan se basa en el descubrimiento extraterrestre de numerosas moléculas bioquímicas, tales como agua y aminoácidos, en las nubes gaseosas de algunas nebulosas.

     Los seres vivos que han existido y existen en la actualidad son muy diferentes en cuanto a complejidad, aspecto, modo de vida, etc., independientemente de cuál haya sido el origen de la vida; sin embargo hay una serie de rasgos que son comunes a TODOS los seres vivos, extinguidos o vivientes, aunque sean de diferentes ESPECIES; estos rasgos son:


  •  Todos los seres vivos están formados por la misma materia, a la que llamamos MATERIA ORGÁNICA 
  •  Todos los seres vivos  realizan las mismas funciones, la nutrición, la relación y la reproducción, más o menos igual 
  •  Todos los seres vivos están formados por una (SERES UNICELULARES) o varias células (SERES PLURICELULARES). 


MUEVE EL ESQUELETO, LEVANTA EL ÁNIMO


Los griegos y romanos habían intuido mucho antes que nosotros que la mente sana es el subproducto de un cuerpo sano, pero no habían podido demostrarlo. Hoy, afortunadamente, contamos con numerosas pruebas experimentales que nos han convencido de que el cuidado de la salud física produce una mejor salud mental. Las horas pasadas en el gimnasio no sólo desarrollan los músculos, sino la memoria; un cuidado diario de la dieta –el otro soporte de la salud– mejora el ánimo y la capacidad cognitiva.
Recuerdo muy bien mis primeros balbuceos en la universidad, en donde los interesados en las distintas asignaturas –como se las llamaba entonces– dábamos por hecho que las personas apuestas y fornidas tenían una inteligencia inferior al promedio; los frágiles, mal hechos y sin huellas en sus músculos de la salud física eran, en cambio, más inteligentes. Experimentos muy específicos efectuados recientemente tienden a demostrar lo contrario. En promedio, los feos y decrépitos son más tontos y los apuestos, más estudiosos.
En todos los casos estamos descubriendo, atónitos, que los ejercicios físicos y el cuidado de la dieta –los soportes básicos de la salud física– tienen una repercusión en la salud mental. Lo que están sugiriendo las pruebas efectuadas en distintos laboratorios es que la memoria y la capacidad cognitiva mejoran con los soportes de la salud física. Lo que todavía no sabemos es qué tipo de deporte es el más adecuado para mejorar el ánimo, la memoria o el grado de entendimiento. Tampoco estamos seguros de cuánto tiempo se debe dedicar a estos cuidados. Con toda probabilidad es mejor pasarse que quedarse corto.
¿Cómo funciona este mecanismo extraordinario? El ejercicio físico envía, a través de la corriente sanguínea, productos químicos como la proteína IGF1 al cerebro. La proteína en cuestión se convierte allí en una especie de gendarme que empieza a dictar instrucciones para que el organismo aumente la producción de FNDC (factores neurotróficos derivados del cerebro), que alimenta los procesos responsables de un pensamiento más sofisticado. Se ha comprobado en ratones e intuimos que ocurre algo parecido en los humanos.
Desde entonces he aconsejado a mis nietas que no me mencionen si están deprimidas sin saber primero lo que les pasa con la proteína IGF1 y el FNDC porque su problema puede ser de muy fácil solución. Ahora ya sabemos que, si bloqueamos el crecimiento del FNDC, interrumpimos el aprendizaje y perjudicamos la memoria.
Lo más asombroso de este nuevo escenario es constatar el impacto positivo de la salud física, o más bien de la cimentación de los pilares sobre los que se asienta la salud física, en enfermedades como el alzheimer, la dislexia o la depresión. En los roedores se ha visto que a partir de un momento dado su cerebro empieza a acumular una proteína llamada beta-amiloide; en las personas aquejadas de alzheimer, esta proteína aflora formando espesas placas, que son la señal inconfundible de la enfermedad.
Somos conscientes ahora de la correlación existente entre el ejercicio físico y las correspondientes ventajas neuroprotectoras, aunque no sabemos todavía el mecanismo exacto para poder inhibir los efectos traumáticos o activar los curativos.
A esto unimos el impacto del cuidado de la dieta –la necesidad imperiosa de ácidos grasos del tipo omega 3 para el buen funcionamiento cerebral–. La falta de esos ácidos grasos, por ejemplo, se asocia a enfermedades tales como dislexia, depresión, desorden bipolar, demencia y esquizofrenia. Es cierto que después de muchos esfuerzos mucha gente se ha convencido de que los ejercicios físicos y el cuidado de la dieta eran trascendentales para preservar su salud física. ¿Nos costará otro tanto convencerlos ahora de que está en juego también su salud mental?

E. PUNSET

DUOMO FIRENZE

DUOMO FIRENZE